Soy kamikaze.
He llegado a abrir los ojos cuando el viento me golpeaba la cara para no perderte la pista, a pesar de que trajese consigo algún polvo, del que se cuela en la retina y te cala los recuerdos hasta conseguir hacerte llorar.
También he aguantado el frío de tus abrazos porque pensaba que contigo las tormentas tardaban más en alcanzarme. Me equivocaba.
Fui tonta por no darme cuenta de que cuantas más ganas tenía yo de llover menos ganas tenías tú de compartir el paraguas conmigo.
La esperanza nunca se pierde, dicen, pero yo debo ser la excepción y como experimento me ha dictado la regla, porque si alguien ha estado tanto tiempo como yo en la intemperie esperando un milagro entenderá que la haya mandado a la mierda.
¿Sabes? Cuando lo pienso tan solo encuentro vacío en nuestro principio, llegaste regalándome los oídos y un puñado de flores que mataste a los tres meses acostándote con otra. Y escúchame bien porque si las mataste tú fue porque murieron de tristeza y yo fui la causa del contagio. Pero ya lo sabes, las remplacé a los tres días por otras que suplicaban perdón y a esas sí que las cuidaba. Ahora dime tú para qué te sirvió, quiero saber cuál es el cuento real, el que sentiste, el que viviste y no la mentira de guión que siempre has llevado preparada, porque ya sé que te sabes de memoria la historia de Don Lo Siento, tan bien como la sé yo por las secuelas. Y también quiero saber qué conseguías al dejar que recompusiese las ruinas que abandonabas en casa para devastarlo todo de nuevo en cuánto podías, porque es que por tu culpa me guardo más rencor a mí misma por restaurarlas que a ti por arrasarlo todo.
Y es que no te haces una idea de lo jodido que es dar un paso hacia el olvido cuando el motivo principal debería ser el daño que me has hecho y en cambio lo es no volver a ser tan gilipollas.
Supongo que éstas son las consecuencias de haberme enamorado de un narcisista que sabía que podía conseguir todo lo que se propusiese.
Lo peor es pensar que para alguna chica yo soy lo que ella ha sido para mí, ya que estoy segura de que todas hemos bailado entre tus mentiras. Ahora me pregunto si habrán sido más listas y te han pisado antes de irse o han esperado, tan tontas como yo, a que terminara la música.
Por eso, y por abrazarme a la mínima posibilidad de que algo cambiase y no soltarme ni a puñaladas, me he dado cuenta de que soy kamikaze y de que espero que tú tan solo hayas sido un error a corto plazo en mi vida.

¡Hola! Encontré tu blog por casualidad y me encanta, sin duda me alegro de haberte encontrado. Aquí te dejo mi pequeña huella y decirte que estaré siguiéndote desde cerca.
ResponderEliminarUn besito.
PD: Me gustaría que también te pasaras por mi blog y dejaras tu huella, gracias.
http://enmil-pedazos.blogspot.com.es/
¡Hola Nerea!
EliminarMuchísimas gracias por haberme comentado ya que cuando revivís mi blog pues la felicidad no es poca.
Ahora mismo me paso.
Un abrazo.
Bonito post. Intenso, y se ve de lejos que con mucho sentimiento.
ResponderEliminarTodo lo malo que ocurre, acaba ayudando a saber lo que uno quiere, a aprender y a tirar con más fuerza. Los humanos, por suerte o por desgracia, aprendemos de los errores.
Un placer leerte, he decubierto tu blog y me ha encantado!
Paula
Muchísimas gracias, Paula.
EliminarLo que más me ilusiona es haber sido capaz de escribir sobre algo que no he vivido y conseguir transmitir lo que me has dicho.
Estoy totalmente de acuerdo contigo, por cierto.
Gracias de verdad por haberme comentado lo que te ha parecido.
Un abrazo.